Mercado laboral: Pista cerrada hacia el sur

03 Jul 2026

El último informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) reveló –nuevamente– un deteriorado mercado laboral. Nada nuevo bajo el sol, pero aun así preocupante. La tasa de desocupación llegó a 9,4%, donde sobresale el 10,5% que alcanzaron las mujeres en marzo-mayo de 2026, con una brecha de 2 puntos porcentuales con los hombres.  En términos de participación, ocupación e informalidad el panorama no es alentador. En los tres indicadores persisten las brechas en desmedro de las mujeres: en participación la brecha alcanza 18 p.p. y en ocupación llega a 17,5 p.p., mientras que en informalidad son 3,2 p.p. Además, en 12 de las 16 regiones del país, la tasa de informalidad está por sobre el promedio de nuestro país. Esta situación se repite en la medición del último trimestre móvil.

La brecha laboral de género en Chile no es una anomalía coyuntural: es una característica estructural del mercado del trabajo. Históricamente, las mujeres presentan menores tasas de participación laboral y ocupación que los hombres, mientras que enfrentan mayores niveles de desocupación e informalidad. Hay territorios donde esta desigualdad se vuelve especialmente persistente y aguda: Ñuble, Biobío y La Araucanía.

En Ñuble, salvo una breve excepción en el trimestre diciembre-febrero de 2026, las mujeres llevan 52 meses con una tasa de desempleo superior al promedio nacional femenino. Más de cuatro años sin respiro. En Biobío y La Araucanía –salvo una excepción en enero-marzo de 2026 para la segunda– hay que retroceder cerca tres años para encontrar un período en que el desempleo femenino regional estuviera por debajo del promedio nacional femenino de desocupación.

Las últimas cifras lo confirman: el desempleo femenino alcanza el 12,3% en Ñuble, el 11,3% en Biobío y el 10,3% en La Araucanía, todas por sobre el promedio histórico nacional de 8,3%. No son datos aislados, son la fotografía de una desigualdad que se acumula, trimestre a trimestre, sin que nadie parezca estar mirando.

Lo anterior tiene una implicancia directa para el diseño de políticas públicas: cualquier medida que busque revertir el desempleo femenino deberá considerar la heterogeneidad regional. Un enfoque uniforme a nivel nacional puede ser insuficiente e incluso ineficiente si no reconoce las particularidades de cada territorio. Las cifras muestran que el rezago de Ñuble, Biobío y La Araucanía no es circunstancial, sino estructural, y que, por lo tanto, requiere una respuesta diferenciada.

Una pista relevante puede estar en los sectores donde se desempeñan las mujeres. Si bien Comercio, Educación y Actividades de asistencia concentran la mayor parte de las ocupadas a nivel nacional, la distribución sectorial varía significativamente entre regiones, lo que sugiere que las barreras al empleo femenino también son distintas según el territorio. Identificar qué sectores tienen mayor potencial de absorción de empleo entre las mujeres en cada región, y qué obstáculos específicos enfrentan, puede ser el punto de partida para diseñar políticas focalizadas que respondan efectivamente a las realidades locales. El proyecto de Reconstrucción es fundamental para reactivar el empleo, pero no será suficiente. Se requieren agendas paralelas para enfrentar los desafíos estructurales del mercado laboral con una mirada que recoja los desafíos territoriales.

Esta columna se publicó en el Diario Financiero.

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