El voto obligatorio en un momento populista
El triunfo del “Rechazo” de la primera propuesta de nueva Constitución generó la ilusión de que el voto obligatorio introducía a un votante más ponderado, desapasionado y reformista del que sufragaba voluntariamente. Pero esa ilusión se rompió en la elección presidencial 2025.
En efecto, el voto obligatorio tendió a castigar a las candidaturas moderadas y a premiar a los candidatos populistas y radicales. Por ejemplo, en las comunas donde más aumentó la participación entre la elección presidencial del 2021 y 2025, mayor fue la votación de Franco Parisi, mientras que, por otro lado, en el caso de Chile Vamos, la relación fue inversa (Gráficos).


Hay al menos dos razones detrás de este fenómeno. La primera es que el voto voluntario por mucho tiempo incentivó a los partidos a buscar al ciudadano con mayores probabilidades de sufragar. Estos electores generalmente tenían mayores niveles de educación e ingresos. Así, los partidos tradicionales tendieron a debilitar sus bases “populares”, dejando fuera de la política institucional a amplios sectores de la población. Este fenómeno es parte de la desinstitucionalización de los partidos que en Chile han sido caracterizados como “hidropónicos” (Luna, 2015). Luego, con la reposición del voto obligatorio, estos partidos se encontraron frente al desafío de llegar a sectores de los cuales estuvieron durante años desarraigados, lo que fue aprovechado por organizaciones desafiantes que exitosamente articularon un discurso orientado a dichos grupos socioeconómicos.
La segunda razón es el “momento populista” en el que está el país de manera más explícita desde el “estallido social”. Este “momento” se caracteriza por una mayor demanda y oferta de discursos que antagonizan al “pueblo puro” con la “élite corrupta”. Dentro del discurso populista, la “élite corrupta” incluiría tanto a los funcionarios del Estado y de organismos internacionales, como también a los partidos políticos tradicionales y a grandes empresarios. La deslegitimación sistemática de las instituciones que genera el populista profundiza la desconfianza con el orden democrático, lo que abona el camino al autoritarismo.
Así, por un lado, el voto obligatorio efectivamente mejora la representatividad, ya que permite la expresión institucional de personas que antes se autoexcluían de la política. Sin embargo, por otra parte, también amplifica voces que podrían socavar la democracia. En este nuevo contexto, el desafío de los partidos con tendencias liberales no es asimilarse al populismo. Eso sería un profundo error. Más bien, deben ser capaces de articular tanto un discurso político competitivo en sectores populares, como también una mayor vinculación con sus organizaciones y demandas.
Esta columna se elaboró para Horizontal.