Crisis de trabajo
En materia laboral, la semana pasada no recibimos buenas noticias. La encuesta de empleo del INE develó que en los últimos 12 meses se crearon apenas 141 puestos de trabajo. El dato aislado ya es preocupante, pero lo más grave es que confirma el deterioro y estancamiento estructural de nuestro mercado laboral.
En los últimos 15 meses, la creación de empleo ha caído sistemáticamente, tendencia que confirma la tesis de que estamos ante una verdadera crisis de trabajo o emergencia laboral.

Veamos qué nos dicen los números:
Primero, la tasa de ocupación (56,2%) todavía no alcanza a recuperar sus niveles pre-pandemia (58,2%). Solo para alcanzar ese rango, deberíamos tener unos 290.000 ocupados adicionales. Para tener una orden de magnitud, esto equivale al 90% del empleo del sector minero (320.116, según la última encuesta de empleo). Tan bajo es el nivel de empleo hoy que, descontando la pandemia, debemos retroceder 15 años –hasta 2010– para encontrar una tasa de ocupación tan baja.
Segundo, llevamos 30 meses con una tasa de desocupación por sobre el 8%, muy por sobre el promedio de 6,8% del quinquenio 2013-2018. Si antes figurábamos como uno de los países OCDE con menos desempleo, hoy tenemos la tercera tasa de desempleo más alta de este grupo.
La verdad es que nuestro mercado laboral nunca se ha logrado recuperar del shock de la pandemia y las políticas de este gobierno solo han agravado la situación. Desde que asumió el presidente Boric, el salario mínimo ha crecido un 20% real -cuatro veces más de lo que han aumentado los salarios-, afectando principalmente los costos de las empresas pequeñas y medianas.
A esto se agrega la reducción de la jornada a 40 horas, que no agregó un centímetro de flexibilidad a nuestra legislación, y cuestionables dictámenes de la Dirección del Trabajo que cambian las reglas del juego en favor del poder negociador de los sindicatos.
Hacer frente a esta verdadera emergencia laboral es un imperativo moral para los aspirantes a la Moneda. Lamentablemente, algunas candidaturas presidenciales insisten en agravar los problemas aquí descritos, promoviendo un “salario vital” de $750.000, la negociación ramal y otras ideas que solo han demostrado generar pobreza en los países que se han implementado.
Lo cierto es que, si no revertimos esta situación, el descontento social solo irá en aumento. Como bien dijo otra candidata en un seminario de SOFOFA la semana pasada: “el empleo es la mejor política social que puede haber”. Y solo tendremos más trabajo si nuestra economía vuelve a crecer; si generamos un shock de inversión, acelerando permisos y bajando impuestos; y si promovemos un clima de colaboración entre empresas, trabajadores y Estado.
Junto con esto, necesitamos políticas laborales que mejoren la productividad de nuestros trabajadores, que entreguen flexibilidad y adaptabilidad, y que apoyen las transformaciones que se vienen.
Todo esto requiere liderazgo y visión de largo plazo, bienes escasos en la política de la inmediatez en la que nos hallamos. En año de ofertones electorales, recomiendo evaluar bien quién es el candidato más preparado para sacarnos de la crisis de trabajo en que nos encontramos.
Esta columna se publicó en Ex-Ante.