Al norte del sur, miles de venezolanos

La migración forzada te lleva a lugares a los que nunca pensaste llegar, y aunque no se tenga específicamente el mismo impulso de salida, este suele ser similar: hay que salir para sobrevivir. Es una de las decisiones más difíciles de tomar en la vida. Pasan por la mente millones de incógnitas, casi todas sin respuestas, y las que sí tienen, carecen de certeza. Entonces llega el momento de partir. ¿Avión? Pocos tienen los recursos para usar este medio. En ese punto, caminar es la mejor alternativa, a pesar de tener que cruzar uno o más países y tener que enfrentarse a temperaturas o circunstancias extremas que el cuerpo debe soportar -tristemente, no todos lo logran.

Hay veces que en la ruta trazada surgen trabajos temporales, que invitan a más de alguno a asentarse en donde si quiera imaginó. Por lo regular, esta es la realidad de los migrantes que están al norte de Chile. Probablemente este no era su primer destino, pero habían necesidades vitales que impulsaban el deseo de conseguir salario, comida, techo y cobijo. Desconocen los migrantes forzados si la cabeza del país es de izquierda o derecha; si estuvo en Cúcuta o si sigue reconociendo al embajador del régimen violador de derechos humanos. La mayoría no tiene ésta o ningún tipo de información al momento en que llegan a Chile; ni si quiera un documento de identidad, pues la mayoría son venezolanos que escaparon de un régimen que sistemáticamente viola sus derechos, inclusive el de tener un pasaporte.

Chile alberga más de un millón y medio de inmigrantes y aún no existen parámetros legales claros para la estadía de estos, ni para su inserción en la sociedad chilena, ni para su acceso a salud, educación, economía, vivienda y nada de lo básico que cualquier ser humano necesita para vivir. Si bien está la opción de las visas consulares, los consulados no cuentan con el incremento de presupuesto ni de personal necesario; ni si quiera el de Caracas/Venezuela, a pesar de que es el que más solicitudes recibe. Para poder avanzar en materias como éstas, es fundamental que en Chile se perfeccione el sistema de recolección de datos e información de los inmigrantes, entregando más y mejores recursos en los consulados. Esto permitiría llevar un registro más claro de quiénes son, dónde están, qué pueden y quieren hacer, al mismo tiempo que se cubrirían las demandas de visas, con respuestas oportunas.

Que el Estado tenga la capacidad de aprovechar los beneficios de una migración bien administrada necesita de políticas que incluyan a los migrantes en las proyecciones económicas del país receptor, como ciudadanos con estatus migratorios regulares, que gocen de beneficios estatales y que tengan obligaciones que puedan cumplir, de manera que se dé apertura a la inclusión más allá de lo social. En términos simples, hay que avanzar en aquellas medidas que permitan los inmigrantes ser efectivamente parte del motor productivo de Chile, en fondo y forma, en pos de regresarles aquella vida digna que probablemente les fue arrebatadas con anterioridad.

Guarequena Gutiérrez
Colaboradora Asociada de Horizontal

*Publicada en La Tercera.

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