Prioridades públicas en Inteligencia Artificial

Por: Tomás Sánchez
05 Jul 2024

“Llevamos más de siete meses desarrollando un asistente virtual apalancado en Inteligencia Artificial (IA) para que los ciudadanos de Reino Unido puedan recibir una mejor atención por parte del Estado (…) Sin embargo, no hemos logrado que el 100% de las respuestas sean correctas”, nos señaló el Chief Technology Office del gobierno británico, David Knott. Nadie dijo que sería fácil, pero sin duda es admirable la claridad que ha tenido Inglaterra con respecto a hacerse cargo y aprovechar las oportunidades que trae la IA.

Pues bien, urge actuar con similar prontitud en Chile. En concreto, creo que debemos avanzar en tres aspectos en el plano público: su incorporación en el currículo educativo, su uso para modernizar el Estado, y por último, estudiar su impacto en el mercado del trabajo, para tener claro los pasos a tomar cuando veamos signos de que sus efectos puedan ser disruptivos, para mantener y eventualmente aumentar nuestra competitividad.

Primero, como dicen por ahí, perderás tu trabajo frente a alguien que sepa usar AI, antes que por el algoritmo en sí. Una reciente estudio de Microsoft con Linkedin reveló cómo el 66% de los CEO no contraría a alguien que no sepa utilizar AI. En forma análoga, esta competencia se dará entre empresas. Quienes sepan utilizar esta nueva tecnología para crear valor y aumentar su productividad, sin duda, estarán un par de pasos adelante que el resto. Una competencia que bien sabemos no se dará solo dentro de Chile, sino que a nivel global. Cuando las traducciones simultáneas están por ser algo trivial, no debiera sorprendernos que tal como hoy importamos software y tecnología de todo el mundo, mañana también lo haremos con servicios de todo tipo. Que los jóvenes chilenos aprender cómo utilizar AI en el colegio y la universidad, es un peldaño básico y esencial para habilitar que nuestra economía pueda mantenerse competitiva.

Segundo, la semana pasada me tocó estar analizando casos de usos en un taller con altos ejecutivos de una institución financiera pública europea. A pesar de la conciencia sobre las dificultades, la claridad estratégica era categórica. Pues bien, esa es la misma actitud que debiésemos ver en nuestras instituciones públicas buscando aumentar su eficiencia y servicio a la ciudadanía. Lamentablemente, es una decisión dicotómica con un impacto en órdenes de magnitud. Si hoy tenemos un Estado atrasado un par décadas, en un par de años puede ganar un par de décadas más. Habilitar la infraestructura tecnológica del Estado hoy serán los cimientos para que mañana pueda estar a la altura de las oportunidades que serán el nuevo estándar.

Por último, reconozco que leo con escepticismo sobre Inteligencia Artificial “capaz”, mientras recuerdo que nadie previó los niveles actuales cinco años atrás. Una AI capaz de reemplazar a una persona en labores básicas que realiza buena parte de la fuerza laboral, como seguir instrucciones simples sobre pagar facturas o preparar un informe de ventas, tan solo con acceso al ERP y CRM. La captura de valor por quienes licencien estos servicios y su impacto en el mercado laboral será innegable. Mucho antes que imaginar escenarios distópicos, pensemos en qué podría doblarse la tasa de desempleo o disminuir a la mitad la tasa de contratación de recién empleados, creando una crisis económica que rápidamente tomaría carácter de estructural.

Ese día, reaccionar adecuadamente será imposible. Por lo mismo, el plan de acción debemos diseñarlo hoy.

 

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