La autonomía del Banco Central en el nuevo escenario político

La reciente alza a la Tasa de Política Monetaria por parte del Banco Central, de 0,75% a 1,5%, responde a una presión en el aumento del nivel general de precios que lo ha situado en un estimado del 5,7% para este año. Más allá del límite superior del 4% de la meta del Banco y, ciertamente, más allá del estándar al que nos hemos acostumbrado en las últimas décadas. 

Pese a que el control inflacionario es mandato del Banco, la medida tuvo que ser acompañada de una declaración por parte de su presidente ante fuertes críticas provenientes de algunas figuras de la izquierda más radical. Estas figuras, varias de las cuales ostentan puestos de autoridad, afirman que el instituto emisor está atentando contra la recuperación económica de Chile al encarecer las opciones de endeudamiento para personas y empresas.

Independiente de lo cuestionables que puedan resultar estas visiones, muchas veces más inspiradas en la ideología que en la evidencia, estas señalan una dimensión de la política monetaria que hasta ahora permanecía olvidada en el colectivo: la capacidad del Banco para poder ejercerla, de manera autónoma, en un contexto de inquisitiva opinión pública y de una institucionalidad debilitada.

Si bien el interés ciudadano por la política monetaria es legítimo, al ser una facultad del Estado con la capacidad de afectar la vida de las personas, es importante que el mundo político no la transforme en un objeto de deliberación cotidiana. Esto supondría un claro retroceso en el carácter técnico y autónomo del Banco, y en su capacidad para operar en un horizonte que vaya más allá del corto plazo; elementos fundamentales para su consistencia y efectividad, como así lo han demostrado la literatura y la experiencia internacional.

Por supuesto, quienes difieren del Banco no tienen la facultad de incidir en sus decisiones; esto es justamente el valor de la autonomía. Sin embargo, sería ingenuo pensar que la autoridad monetaria opera en un vacío, o que es completamente inmune al ambiente político en que se desenvuelve. Al contrario, su autonomía nunca es absoluta, y depende en última instancia de las condiciones que el Estado puede asegurar. Es decir, la autonomía no es una cualidad que baste con dejar escrita en el papel, sino una cuya existencia depende de su práctica constante. Sobre todo si, el día de mañana, el futuro Congreso o Gobierno entrase en un conflicto real con el Banco Central.

Ante este nuevo escenario político, el proceso constituyente ofrece una oportunidad para reafirmar nuestro compromiso con la institucionalidad monetaria para los próximos treinta años y más; hecho que, también, ha inspirado la elaboración de un estudio por parte de Horizontal. A fin de cuentas, la amenaza a la autonomía del Banco jamás se va a presentar de manera absoluta, sino que, más bien, como una sutil erosión de esta.

Alfredo Maira
Investigador Horizontal

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