Informalidad laboral y bienestar

En Chile, la informalidad laboral es una condición que ha afectado históricamente a gran parte de los trabajadores, y en la que hoy se encuentra un 25% de estos. Es decir, 2,3 millones de trabajadores que actualmente no tienen acceso a beneficios laborales, ni acceso a seguridad social en salud y pensiones. Pero las implicancias no terminan ahí. Gracias a la nueva Encuesta de Bienestar Social, liderada por el Ministerio de Desarrollo Social, ahora sabemos que la informalidad conlleva consecuencias negativas que se extienden también hacia el bienestar emocional de los trabajadores.

Ciertamente, la calidad de un trabajo y el bienestar del trabajador no solo depende de un sueldo que permita mantener cierta calidad de vida y ahorrar para una vejez digna. Más allá de las necesidades materiales, las personas requerimos desenvolvernos en un ambiente en el que prime el respeto y el buen trato, así como también la posibilidad de desempeñar una actividad en la que se perciba un valor que trascienda el dinero.

En este sentido, esta inédita encuesta, aplicada el primer semestre de 2021, ofrece un insumo valioso para arrojar luz sobre una arista de la informalidad que hasta hace poco permanecía oculta a los encargados de las políticas laborales, y a la discusión pública en general. Por ejemplo, la encuesta revela que, mientras solo el 6% de los empleados formales piensa que su trabajo no les permite satisfacer para nada la realización de sus metas y proyectos personales, en los informales esta cifra aumenta al 11%; asimismo, si bien solo el 5% de los formales admite no percibir en absoluto un buen trato por parte de su jefe, en los informales la cifra corresponde al 15%. Parece claro, entonces, que las consecuencias de la precariedad no son solo económicas, sino que también socioemocionales, y que la búsqueda por la formalidad es también la búsqueda por una ciudadanía más feliz y satisfecha; algo particularmente importante cuando consideramos la crisis de salud mental por la que han atravesado los chilenos durante esta pandemia.

Todo lo anterior supone un llamado a la autoridad y al próximo gobierno, cualquiera sea este, para dejar de lado las diferencias ideológicas y llevar adelante una agenda ambiciosa de políticas sociales que promuevan el trabajo de calidad; especialmente entre los más vulnerables. Por ejemplo, será esencial discutir una política unificada de subsidio laboral, que integre los actuales Ingreso Mínimo Garantizado, IFE Laboral y Bono al Trabajo de la Mujer. Será fundamental, también, discutir sobre cómo avanzar hacia un Impuesto Negativo al Ingreso, y sobre cómo promover la formalización de micro y pequeñas empresas, las cuales son grandes fuentes de contratación en el país.

Ojalá que estas medidas sean deliberadas con premura y en un espíritu constructivo, y no queden olvidadas en un congreso que fue incapaz de llegar a acuerdos. Los trabajadores no pueden esperar cuatro años más.

Alfredo Maira.
Investigador de Horizontal

*Publicada en El Líbero.

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