Un nuevo régimen de inversión para Chile

En Chile, la inversión dejó de ser un motor de crecimiento. Si en la década de los ’90 crecía a una tasa anual promedio de 8,7% (real), en la última década (2014-2023) se estancó en un 1,2% anual. Para revertir esta tendencia y volver a posicionarnos como un destino atractivo para la inversión, proponemos implementar un régimen renovado y ambicioso, para inversionistas locales y extranjeros.
Debemos, primero, aprender de los éxitos del pasado. Por ejemplo, el DL600, al establecer un régimen de invariabilidad tributaria, logró atraer importantes flujos de inversión extranjera directa (IED). En ese periodo el ratio IED/PIB de Chile promedió un 6%-8%, superando a la OCDE y a cualquier otro país de Latinoamérica (Draper, 2009).
Aprendiendo de nuestra propia historia, proponemos crear un nuevo régimen de invariabilidad tributaria para proyectos de inversión superiores a US$ 50 millones, que permita asegurar un marco tributario estable por un periodo de 10 a 20 años. Esta vez, tanto para inversionistas extranjeros como locales. Nuestros sectores productivos (minería, energía, forestal, agroindustria, entre otros) necesitan certezas de largo plazo para realizar sus inversiones y creemos que este instrumento es una buena vía para lograrlo.
Un nuevo régimen de invariabilidad tributaria que debe venir acompañado de un paquete amplio, con más medidas, que en su conjunto potencien la inversión y el crecimiento. Entre ellas, reducir el impuesto corporativo de 27% a 23% (promedio OCDE), y luego converger en el mediano plazo a 20%, todo en forma fiscalmente compensada. Según estimaciones de 1 la Comisión Marfán (2023), al cabo de 10 años esta medida elevaría el PIB hasta 0,65 punto.
Para que esta medida sea fiscalmente neutra hay que combatir con fuerza la evasión tributaria, eliminar exenciones y aumentar gradualmente la base del impuesto a la renta de las personas.
También debemos hacer frentes los excesivos tiempos de tramitación e incertidumbre que enfrentan los proyectos de inversión. Valoramos el proyecto que se encuentra actualmente en el Senado, pero debemos avanzar hacia una permisología «en base cero», donde fijemos un estándar exigente y eliminemos toda la normativa que no converse con ese objetivo.
En un contexto global de incertidumbre política y económica, lograr atraer inversión se hace más relevante que nunca. Países como Corea del Sur, que ofrece regímenes tributarios especiales para grandes inversiones, o Perú, que aplica «contratos de estabilidad» en el sector minero; así lo entienden. Lamentablemente, nosotros nos estamos quedando atrás.
La agenda que aquí proponemos no es ideológica, sino que pragmática. Lo hicimos en el pasado y lo podemos volver a hacer, pero para esto necesitamos nuevas medidas sobre la mesa. Lo positivo es que hoy existe mayor consenso en que es necesario salir del estancamiento económico actual. Por lo tanto, un pacto político y técnico transversal en torno a esta agenda, es la condición habilitante para que logremos volver a crecer.
Esta carta al director se publicó en El Diario Financiero en colaboración con el socio líder de tax & legal en Deloitte, Hugo Hurtado.