Menos principios políticos, y más misión y visión

En el mundo de los negocios las empresas tienen una misión, que es la razón de ser, y una visión, que es el sueño de lo que quieren lograr. Los valores son todos aquellos principios de relacionamiento con los trabajadores, clientes, proveedores y comunidad dentro de los cuales se moverá la empresa para materializar el sueño que desea convertir en realidad. Cuando una empresa determina, por ejemplo, el plan de negocios del año, este debiera ser consistente con la razón de ser, la visión deseada y los valores que debieran guiar la toma de decisiones. Los planes de negocio nunca tienen como objetivo lograr una meta de valores deseados (salvo que haya habido una crisis valórica), sino obtener aquellos resultados que cumplan con las expectativas de sus accionistas. Estos, a su vez, van a estar influenciados por la visión (el sueño), la misión (razón de ser), y los principios (valores) que guían su accionar.

Los partidos políticos debieran moverse con una lógica similar. Por ejemplo, su misión debiera ser mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, su visión debiera ser la de lograr un desarrollo sustentable para el país, mientras que los valores debieran ser todos aquellos principios (ideología) adoptados por el partido. En ese contexto, todos los ciudadanos pueden formarse una expectativa de lo que pueden esperar de cada partido político, expectativa que a su vez estará influenciada por las creencias ideológicas de cada ciudadano.

Sin embargo, algo ha sucedido, porque la teoría no es consistente con la realidad. Los partidos políticos se han olvidado de la misión y visión que debiera inspirar su accionar. En lugar de adoptar una misión consistente con la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, su razón de ser pasó a ser la de mantener el poder, o evitar que el otro bando lo detente. En lugar de enfatizar objetivos concretos en materia de salud, pensiones, vivienda, educación, equidad y seguridad, terminaron volcando todos sus objetivos en los principios y valores que deben guiar las soluciones, como por ejemplo, la importancia de las AFP, el Banco Central autónomo, y la subsidiariedad del Estado, o de la inconveniencia de que haya lucro en la educación y salud, de la igualdad por sobre el mérito o de la importancia del Estado.

Lo que la gran mayoría de los ciudadanos quiere es que se resuelvan sus problemas, tales como pensiones, salud, educación y seguridad, y no los principios y valores que debieran aplicarse para resolverlos. Esa última discusión es para una élite, pues la gran mayoría no está preocupada del color del gato, sino de su capacidad para cazar ratones. Evidentemente las acciones que cada partido adopte para resolver los problemas de la sociedad debieran ser consistentes con los principios e ideología que lo inspiran, de manera que cada ciudadano termine eligiendo a aquellos candidatos que además de enfatizar objetivos concretos, sean consistentes con su ideología.

Es hora, entonces, que el énfasis de los candidatos se focalice en la visión que tienen (su sueño) para resolver los diversos problemas que aquejan a la sociedad, y dejen de enfatizar mensajes que solo se centran en la ideología que guiará sus decisiones. Si se trata, por ejemplo, de déficit habitacional, no basta con decir que hay que resolverlo, y menos aún decir que eso sólo lo puede resolver el Estado o los privados, sino comunicar que en un plazo de cinco años será cercano a cero. Mientras los políticos sigan enfatizando ideologías (el color del gato) en lugar de objetivos concretos (los ratones que cazarán), la ciudadanía seguirá percibiendo que están totalmente desconectados de la realidad que los circunda.

AUTOR:
 Gabriel Berczely.

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