Desde el silencio

“Mejor que no hablen, se pondrán en contra de lo que sea que digan”, es uno de los comentarios de pasillo que explican la ausencia de la elite económica en la discusión pública. Este argumento esconde tanto un tácito enfrentamiento entre los ciudadanos y empresariado, como la idea de que las empresas carecen de legitimidad social. Aquilatando lo grave de lo que se esconde bajo la alfombra, ¿es el silencio la mejor contribución del empresariado hacia el país?

Si van a decir lo mismo de siempre, sí: mejor que se queden callados. Para salir a defender los intereses particulares desde la trinchera, no se necesitan representantes. Sobra la política cuando las posiciones son claras e intransables. Mejor mandar un mail. Ahora bien, si entran al debate con el propósito de poner el país por delate, la cosa cambia: el país necesita que los líderes de los principales sectores productores lideren. Eso no significa caer en discusiones binarias de suma cero, sino que abrir debates más complejos, donde se plantee el beneficio de Chile como fin último, salvaguardando intereses colectivos y no al revés.

Es un tema de prioridades en el fondo y forma: primero el país, después el sector. ¿Por qué?

Primero, porque es lo mínimo. No sirve de nada andar por la vida golpeándose el pecho y al mismo tiempo privilegiar el defender un par de pesos en el corto plazo, frente a la prosperidad colectiva en el largo. Segundo, porque es impresentable políticamente que la elite siga defendiendo sus intereses en desmedro del resto. Si están realmente convencidos de que sus intereses están en línea con el bien común, no habría problemas para alterar el orden de los factores a la hora de enunciarlos y discutirlos. Tercero, porque esta premisa predispone a las partes a colaborar, abordar los problemas mirando con perspectiva y abrirse a soluciones antes impensadas.

Por otra parte, los ciudadanos no nos podemos dar el lujo de prescindir de la participación empresarial. Urge que pongan sus ideas sobre la mesa para enfrentar los desafíos del país. Propuestas más sofisticadas que el obvio simplismo de “crecer más”. La discusión pública hoy es mucho más amplia que la constitucional: necesitamos conversar sobre nuestro modelo de desarrollo, sobre cómo reformar el sistema tributario, sobre reconversión laboral, cómo potenciar las Pymes, cómo aumentar la productividad, mitigar el cambio climático y tantos otros temas relevantes, donde es pertinente contar con el punto de vista del mundo empresarial. En cada frente es necesario diseñar estrategias público-privadas de corto, mediano y largo plazo, haciéndose cargo de los aspectos tanto políticos como técnicos.

Para estar a la altura no se puede seguir jugando a la defensa eternamente, sino que todo lo contrario. Chile necesita que entren a la cancha con ánimo de hacer política, de dialogar mucho más de lo que están acostumbrados, de quedarse más tiempo en los problemas que no se resuelven con jerarquías, sino que con consensos, y de construir confianzas con aparentes enemigos, que no lo son. Para construir este país nos necesitamos a todos… y difícil es hacerlo desde el silencio.

Tomás Sánchez
Investigador Asociado de Horizontal

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