Mujeres en la academia: Evidencias para políticas públicas efectivas

Daniel Rodríguez y Pablo Correa: “…debemos fomentar el acceso de estudiantes mujeres a disciplinas tradicionalmente dominadas por hombres, lo que llevará a disminuir los sesgos dentro del propio cuerpo académico…”.

En el marco del actual debate público sobre la discriminación de género en la educación en Chile, resulta interesante preguntarse si este fenómeno se manifiesta en la composición de las plantas de profesores de las universidades del país.

Con el objetivo de profundizar la discusión pública sobre este tema, los centros de estudios Acción Educar y Horizontal han elaborado un estudio exploratorio sobre la participación de las mujeres en la academia. Su finalidad es, en último término, entregar antecedentes que permitan el diseño e implementación tanto de políticas públicas como de protocolos internos de las universidades, que sean efectivos para prevenir y combatir cualquier tipo de discriminación por género en instituciones de educación superior y en el país.

Los datos muestran que, en las universidades de Chile, la contratación de académicos de jornada completa está inclinada hacia los hombres (57% del total). Así, en promedio, cada institución cuenta con cerca de 300 hombres y 230 mujeres. Distinguiendo entre las universidades que pertenecen al CRUCh y las que no, son las primeras las que muestran una mayor inclinación hacia la contratación de hombres -63% de hombres y 37% de mujeres-. En contraste, la brecha de contratación entre hombres y mujeres en las universidades privadas fuera del CRUCh es casi inexistente (51% de hombres y 49% de mujeres). Con todo, desde 2008 a la fecha, la proporción de académicos hombres sobre mujeres ha mejorado para todas las universidades del país.

Sin embargo, es clave notar que el sesgo observado en favor de la contratación de docentes masculinos no necesariamente responde a una discriminación por sexo; es decir, no obedece obligatoriamente a razones de un sesgo por género en la demanda por parte de las universidades, sino que también a factores de oferta. El sesgo hacia una menor contratación de mujeres está negativamente correlacionado con la fracción de académicos con doctorado (PhD) dentro de la planta docente. En otras palabras, las universidades con una mayor proporción de profesores con PhD tienen una menor proporción de mujeres que universidades predominantemente docentes. Por lo tanto, y si bien no puede descartarse un sesgo en contra de la contratación de mujeres en la academia en el país, nuestro análisis muestra que existen otros factores que están influyendo.

Una de las causas más probables para lo anterior radica en la oferta de académicos. En Chile, un 65% de quienes tienen un PhD son hombres y solo un 35%, mujeres. Lo anterior da cuenta de que el desbalance de género en universidades con más investigación sería un problema de oferta, más que de demanda.

No obstante, existen también factores internos a las instituciones que pueden explicar parte de este sesgo. El proyecto educativo, que marca la orientación académica de la universidad y su propósito, puede influir también en la intensidad de su investigación y sus políticas de contratación de capital humano avanzado, lo que impacta indirectamente en la proporción de hombres y mujeres. Por ejemplo, algunas instituciones pueden priorizar ciertas áreas académicas (en particular las asociadas a las ciencias básicas, tecnología, ingeniería y matemática) que tienden a atraer más hombres que mujeres. Lo inverso ocurre en carreras de pedagogía y educación de párvulos. Nuevamente, estos factores sesgan la oferta de académicos y podrían explicar las brechas observadas en las universidades. Asimismo, estos factores ayudan a entender por qué universidades que priorizan la docencia tienden a ser paritarias en la contratación de académicos.

En definitiva, el país requiere con urgencia la formación de capital humano avanzado femenino. Si se trata de un problema fundamentalmente de oferta, la mayor disponibilidad de mujeres con PhD llevará a una educación superior más paritaria en su planta académica. Afortunadamente, datos de la OCDE muestran que esta brecha se ha ido acortando en el tiempo, siendo mucho menor en las cohortes más jóvenes de PhD que en las de PhD de grupos etarios mayores. Junto con continuar en esa línea, debemos fomentar el acceso de estudiantes mujeres a disciplinas tradicionalmente dominadas por hombres, lo que llevará a disminuir los sesgos dentro del propio cuerpo académico.

Daniel Rodríguez
Acción Educar Pablo Correa
Horizontal

Lea la columna en El Mercurio aquí
Descarga el estudio aquí