Durante esta época del año se produce un cambio de actitud general en las personas. Los días
soleados y la brisa primaveral nos motivan a hacer deporte y a disfrutar de la naturaleza, y
también comienzan los balances y planificaciones para el año que viene.

Lo mismo nos ocurre en el mundo agrícola. Con la llegada de noviembre, estamos ansiosos por
comenzar las cosechas y obtener los frutos de un arduo trabajo (¡e inversión!) de todo un año.
Fertilización, riego, podas, noches de control de heladas, aplicaciones post lluvia que no respetan
ni siquiera Fiestas Patrias. Y luego, las evaluaciones y las propuestas sobre cómo continuar hacia
adelante.

Sin duda, la llegada de una nueva temporada trae aparejada para los agricultores, pero también a
nuestro país como potencia agrícola que queremos ser, una serie de importantes balances y
miradas de futuro. Una vez más, nos enfrentamos a los desafíos que nos presentan por ejemplo la
búsqueda de calidad, la innovación, la adaptación de nuestros productos y mercados, y los
liderazgos regionales.

¿Qué queremos producir: calidad o cantidad? Sabemos que ambas nunca se dan, pero también
somos conscientes de cómo los avances en la tecnología, la experiencia y el compromiso con el
trabajo bien hecho, si los usamos de manera inteligente, pueden ayudarnos a buscar un mejor
equilibrio entre ambos objetivos. Hay notables ejemplos de aquello en la industria de la fruta.

¿Cómo abordamos los cambios para que en lugar de que se nos aparezcan como amenazas, nos
seduzcan como oportunidades para la innovación? Cada temporada es distinta y por tanto la frase
muchas veces repetida de “para qué vamos a cambiar si siempre lo hemos hecho así”, no es
siempre el mejor consejo, y menos cuando aquello parece un dogma escrito sobre roca.
“Sobreviven solamente quienes  se adaptan mejor al cambio”, sentenció Darwin hace ya un
tiempo. Tenemos que estar abiertos a modificar lo que sea necesario para contar con un producto
de mejor calidad, desde mecanizar el riego de los caminos para evitar el polvo, hasta cambios muy
sutiles que vayan en pos de una mejor calidad de fruta.

Además, los cambios que ha realizado en su legislación la Food and Drug Administration (FDA) por
medio de la Food Safety Modernization Act (FSMA), nos desafían a ser capaces de adoptar las
nuevas normas y darles cumplimiento. Para eso celebramos que, tanto el comité de Inocuidad
(ASOEX) como la Agencia Chilena para la Inocuidad Alimentaria (ACHIPIA) estén dando cursos e
informando de los pasos que se precisan seguir.

Para nadie es novedad que Chile se ha posicionado como una potencia agroalimentaria y que
nuestros vecinos miran muy de cerca nuestras experiencias para tratar de replicarlas. Un éxito que
debe entenderse como una tarea de todos. Si bien la agricultura es parte de un negocio privado,
existen muchas exigencias sanitarias, de inocuidad, y ambientales que requieren una fuerte
inversión. Hoy vemos cómo Perú amenaza a nuestros primores con sus cosechas y cómo están
invirtiendo fuertemente para mover agua a sectores de secano. Si queremos seguir siendo líderes,
hay que entender que la inversión privada no es suficiente y que debe existir, por ejemplo, una
política pública que favorezca e incentive la construcción de embalses a lo largo de toda la
cordillera.

La “estabilidad exportadora” es también otro ejemplo fundamental. Con la llegada de las cosechas
y el comienzo de las exportaciones de nuestros productos perecibles, se presenta una oportunidad
para que el sector público llegue a acuerdos que no se han concretado en el transcurso del año.

Sólo este año el SAG ha realizado dos paralizaciones de funciones. El presidente de la Asociación
de Funcionarios del SAG, Claudio Banda, dijo el 24 de agosto que “principalmente el paro no va a
afectar a las personas, porque lo que se está haciendo es que en los controles fronterizos haya
marcha lenta respecto a las personas, aunque sí se detendrán las cargas”. Y agregó que “lo que se
espera es que no haya cargas ni productos que se certifican por el SAG, de exportación. Entonces,
esto afectará al sector empresarial”. Situaciones como aquellas no son precisamente espacios de
certidumbre para los exportadores. El acceso y calidad de los puertos, aeropuertos y pasos
aduaneros, así como el correcto funcionamiento de las instituciones, también son parte del
objetivo de que Chile sea un líder regional en esta materia.

Cuando los funcionarios del SAG dicen que su paralización no afectará a las personas sino que al
sector empresarial, es que definitivamente no estamos entendiendo nada. Chile Potencia
Agroalimentaria somos todos, y sus éxitos no son sólo el de los empresarios, sino que el de todos
los chilenos, colaborando con un mayor crecimiento y desarrollo del país. Avanzar creyendo lo
contrario es simplemente una renuncia anticipada a grandes oportunidades.

Así como estos meses de fin de año nos entusiasman a planificar y asumir nuevos desafíos para el
futuro, la nueva temporada de cosecha nos recuerda los desafíos y compromisos que como sector
y país, tenemos que asumir para consolidar a Chile como una potencia agroalimentaria en la
región.

Juan Pablo Avendaño
Juan Pablo AvendañoCoordinador
Comisión Agricultura y Ruralidad