Recientemente, el ex Ministro de Economía señaló en Twitter que para alcanzar una mayor productividad es necesario diversificar la matriz productiva del país. No sé en esta ocasión, pero al menos en ocasiones anteriores, tanto él como Eduardo Bitrán, han usado este argumento para justificar las políticas de clusters o sectores estratégicos, es decir, la utilización de fondos públicos en los que el gobierno decide en qué industrias deberíamos poner las fichas como país.

Es cierto que hay una reciente literatura empírica que relaciona la diversificación con el crecimiento económico. La evidencia empírica es clara: mientras más diversa es la matriz productiva de un país, entonces más debería crecer éste (Imbs and Warciazg, 2003; Hausmann et al., 2014). Sin embargo, la literatura no es concluyente en cuanto a los factores que fomentan la diversificación productiva (para más detalle ver el estudio de Agosín, Álvarez y Bravo Ortega, 2011). En otras palabras, sabemos que la diversificación es instrumental en el proceso de desarrollo de los países, pero no hay suficiente evidencia que señale cuales son las mejores herramientas para lograr dicha diversificación.

La pregunta del millón, entonces, es cómo Chile puede diversificar sus exportaciones para sortear lo que muchos llaman “la trampa del ingreso medio”. Dada la evidencia empírica disponible, no es correcto afirmar que una política de clusters es la manera de lograr dicho objetivo. Por el contrario, creemos que elegir sectores no es el camino correcto. En primer lugar, el Gobierno tiene información imperfecta sobre los cuellos de botella a la productividad del sector privado. Asimismo, siempre existirá discrecionalidad por parte del político de turno. Finalmente, genera un riesgo de la apropiación de rentas por parte de actores poco competitivos -pero bien conectados políticamente- lo que es terreno fértil para la corrupción.

En contraste, hay determinantes de la productividad que sí creemos que funcionan; que han sido estudiados empíricamente y que no requieren de personeros de un gobierno decidiendo cuál industria es la más rentable para el país (para más detalle ver Syverson, 2011). Más innovación, más competencia, más apertura al comercio exterior, más infraestructura, menos barreras al emprendimiento y más inversión en capital humano son factores que tienen un impacto directo en la productividad y por ende en el crecimiento de los países. En varios de estos frentes el actual gobierno ha mostrado avances, no los desconocemos. Chile debe seguir invirtiendo en ellos y descuidarlos sería un gran error. Sin embargo, nos hubiera gustado que este tipo de avances hubiesen sido privilegiados por sobre las inversiones en los famosos sectores estratégicos.

El Estado no debe elegir sectores ni aplicar subsidios e impuestos a discreción, en cambio, sí debe propiciar las condiciones para una colaboración estratégica con el sector privado, en donde los actores privados revelen cuáles son sus principales problemas y, así, el Estado pueda ayudar a resolverlos (Rodrik, 2014). Al mismo tiempo, el Estado también debe revelar información a las empresas (sí, las empresas también manejan información imperfecta) para ayudarlas a sortear problemas de coordinación con el Estado y con otros privados (Hausmann y Rodrik, 2002). De esta manera, el Estado debería enfocarse en generar un proceso estándar de coordinación público-privada, más que enfocarse en elegir a los ganadores de este proceso.

Es un error pensar que una política de clústers es la bala de plata para aumentar la productividad del país. Si Chile quiere políticas que efectivamente aumenten la productividad, el Estado no debe elegir sectores, sino ayudar a resolver los problemas que éstos tienen.

Publicación en La Tercera
 Jorge Fantuzzi
Jorge FantuzziEconomista
Consejero Directivo Horizontal